El ransomware secuestra tus archivos y pide un rescate para devolvértelos. La mejor defensa es la prevención, porque una vez que pasa es muy difícil revertirlo.

Tres hábitos reducen drásticamente el riesgo:

1) Copias de seguridad automáticas y separadas del equipo principal — en la nube o en un disco externo que no quede siempre conectado a la PC.

2) Cuidado con los adjuntos de mail desconocidos, sobre todo archivos .zip o .exe inesperados, incluso si parecen venir de un contacto conocido.

3) Mantener Windows y el antivirus actualizados, ya que muchas infecciones aprovechan fallas que ya fueron corregidas en versiones nuevas.

Si ya te pasó, no pagues el rescate sin asesorarte antes: en algunos casos hay forma de recuperar los archivos sin ceder al chantaje.