Antes de pensar en cambiar de equipo, revisá estos 5 puntos: en la mayoría de los casos alguno de ellos explica por qué tu PC dejó de responder como antes.

1) Espacio en disco. Con menos del 15% del disco libre, Windows se pone lento: necesita ese espacio para archivos temporales y memoria virtual.

2) Programas que arrancan solos. Con el tiempo se acumulan aplicaciones que abren automáticamente al prender la PC, y consumen memoria desde el primer segundo.

3) Virus o malware silencioso. No siempre muestran ventanas ni publicidad: muchos trabajan en segundo plano consumiendo recursos sin que te des cuenta.

4) Disco duro mecánico viejo. Si tu PC tiene más de 5 años y todavía usa un disco HDD tradicional, pasar a un SSD es la mejora que más se nota en el día a día.

5) Polvo y sobrecalentamiento. Un equipo caliente reduce su propio rendimiento para protegerse — es un mecanismo de seguridad, no una falla.

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