Antes de pensar en cambiar la placa de video, hay ajustes simples que mejoran el rendimiento en juegos y no cuestan nada.

Revisá que los drivers de la placa de video estén actualizados — NVIDIA o AMD sacan actualizaciones seguidas, muchas veces optimizadas para juegos específicos.

Cerrá programas de fondo que consumen recursos sin que te des cuenta, y controlá la temperatura del equipo: el sobrecalentamiento hace que el procesador y la placa de video bajen su rendimiento automáticamente para protegerse.

Si tu PC tiene varios años, una limpieza interna y cambio de pasta térmica suele devolver varios FPS perdidos, casi como si hubieras cambiado de pieza.